Luna y el Bosque de los Deseos
- 15 ago 2024
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 6 nov
Por Beto Moheno

"No todos los bosques son iguales. Algunos tienen árboles, otros tienen respuestas."
Luna no era una niña normal. No porque volara (todos los niños y niñas lo hicieron con una capa hecha de una toalla), ni porque hablara con dragones (bueno, uno de peluche); sino porque tenía algo que muy pocos adultos conservan: Imaginación. De esa que hace que un charco sea un océano, un palo una varita mágica… y un día aburrido, una oportunidad para una nueva aventura.
Una tarde cualquiera, de esas donde parece que nada va a pasar, Luna se peleó con su hermano, con su tarea, y hasta con su reflejo en el espejo. Estaba harta, quería salirse un rato de su casa, pero como eso es complicado sin superpoderes (y sin permiso), salió corriendo al jardín.
Ahí, detrás del árbol torcido, encontró un sendero nuevo. Un camino que no había visto antes, uno que olía a magia.
—¿Y esto? —susurró. Un cartel colgado de un tronco crujía con el viento:
“Bienvenidos al Bosque de los Deseos. Aquí, todo lo que pidas… se cumple. (Más o menos).”
Y justo abajo, en letras tan chiquitas, que nadie lee y que seguro fueron escritas por un duende con miopía, decía:
“Cuidado con lo que deseas. En serio.”
Luna sonrió. Esa sonrisa de “esto suena como una mala idea… pero igual lo voy a hacer”. Y entró al bosque
El primer deseo
—Deseo… ¡una fuente de helado infinito! —gritó.
¡POOF! Del suelo brotó una fuente más alta que su casa, burbujeando helado de todos los sabores. Luna brincó de emoción y metió la cara al helado.
Cinco minutos después, estaba empapada, temblando, con dolor de panza y un cerebro congelado del tamaño de una bola de boliche.
—Ok… primer deseo: 6 de 10. Muy bonito pero poco práctico.

El segundo deseo
—¡Quiero una feria para mí sola!
Y apareció: carruseles, montañas rusas, globos, algodones de azúcar. Sin filas, sin empujones, sin reglas. Al principio, fue perfecto, al cuarto algodón de azúcar, ya no tanto. Al quinto, vomitó en una taza giratoria, y entonces se dio cuenta:
—Esto... no es tan divertido sin nadie con quién reírme.

El tercer deseo
Con más cuidado y analizando sus dos deseos pasados, pidió:
—Quiero un perro que hable.
Apareció un perro salchicha con lentes. Muy educado, muy serio. Muy... hablador.
—Hola, soy Sigfrido. ¿Quieres discutir filosofía? Empecemos con Sócrates.
Luna suspiró.—Quiero un perro, no un maestro.
—¿Y qué esperabas? —contestó Sigfrido —Los deseos tienen sus formas.
El bosque notó la molestia de de Luna
Justo entonces, el cielo se oscureció. Nubes negras como crayones rotos cubrieron el bosque. Un trueno rugió, y un viento frío empezó a soplar.
Una voz, no de monstruo, sino de verdad, que a veces es algo muy parecido, se escuchó:
—¿Ya lo entendiste?
Luna miró a su alrededor: estaba sola, helada, empachada, con un perro filósofo que no sabía callarse y era fan de Sócrates.
—Entendí que… ¿pedir cosas no me hace feliz?
—¿Entonces qué necesitas? —susurró el viento.
Luna pensó, de verdad pensó y por primera vez, no pidió un helado, ni una feria, ni unicornios (que ya sabemos que no caben en la casa).
—Quiero volver pero no como antes. Quiero volver con lo que sí me hace feliz: Mi familia, mis amigos, mis historias…
Y entonces, el bosque sonrió. Bueno, si los árboles pudieran sonreír, claro. Las hojas se movieron, y un nuevo camino se abrió frente a ella.
Cuando volvió a casa, su gato la miró con esa cara de “¿ves por qué no salgo?”. Su hermano le ofreció una galleta sin decir nada y Luna sonrió. Porque había aprendido algo importante
A veces, lo que deseamos es ruido. Pero lo que necesitamos… es compañía. y no todo lo que brilla es deseo cumplido. A veces, lo que brilla de verdad… es lo que ya tenemos cerca.
El perro filósofo apareció en su jardín un día después y sí, nadie ha logrado callarlo desde entonces.

🌟 Actividad: “El árbol de los deseos reales”
🎯 Aprendizaje:
Entender que no todo lo que deseamos trae felicidad… pero sí lo que ya tenemos cerca: familia, amigos, momentos.
✅ ¿Qué necesitan?
Hojas de papel o post-its
Plumones o lápices
Un árbol pequeño, planta, rama seca o pared especial en casa
👨👩👧👦 Pasos rápidos
🌙 Pregunta mágica: Cada persona responde en voz alta:“Si hoy pudiera pedir un deseo… pero uno que de verdad me haga feliz (no helado infinito), ¿qué pediría?”
📝 Lo escriben y dibujan: Escriben su deseo en un papel, pero debe ser algo que no se compra, ejemplo:
“Más tiempo juntos”
“Reírme más con mi hermana”
“Que nadie cene solo”
🌳 Lo cuelgan en el Árbol de los Deseos Reales: Pueden pegarlo en una planta, rama, puerta del refri o cartulina. Ese será el “Bosque de lo que sí importa”.
💫 Cierre rápido y padre: Todos dicen juntos:“No todos los deseos dan felicidad… pero la familia sí.”









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