top of page
Le_edited.jpg

Tilly y Lilli en el Gran Torneo del Bosque

Precio

$29.00

Antes de empezar, necesito decirte algo importante.


Muy importante.


Importantísimo nivel “no sigas leyendo sin saber esto”.

Este no es ese cuento.

Sí, ya sabes cuál.


El de la liebre que corre como si tuviera cohetes en las patas, la tortuga que avanza como si estuviera pensando en la inmortalidad del alma, y un narrador que al final te dice: “moraleja: no seas presumido” mientras tú bostezas porque ya te lo contaron veinte veces.

 

No.
Aquí no.

 

Para empezar, en este bosque nadie corre solo por correr. Corren porque llegan tarde, porque huyen del frío, porque alguien gritó “¡hay comida!”, o porque simplemente les gusta sentir el viento despeinarles las orejas. Y las tortugas… bueno, las tortugas caminamos. Caminamos mucho. Caminamos bien. Caminamos pensando.

 

Además, las liebres de aquí no son villanas. Algunas son impacientes, sí. Otras nerviosas. Otras hablan rápido porque piensan rápido y luego se cansan de pensar. Pero dormir en medio de una carrera… eso ya no se usa. Está muy 1800.

 

Y las tortugas tampoco somos símbolos andantes de frases motivacionales pegadas en el refri. Somos animales reales. Con caparazón, con historia, con días buenos y días en los que preferimos no levantarnos porque hace frío y el pasto está sospechosamente húmedo.

 

Este cuento no trata de ganar por esperar.
Ni de perder por confiarse.
Ni de humillar a nadie para que “aprenda”.

 

Este cuento trata de algo más raro… y más difícil.

 

Trata de aprender a caminar con otro, aunque no tenga tu ritmo. De descubrir que ir rápido no siempre significa ir lejos.


Y de aceptar que, a veces, la vida no te junta con quien tú quieres… sino con quien necesitas.

 

Ah, y una cosa más antes de seguir:


Si esperas una historia donde todo sale perfecto desde el principio, te aviso desde ahorita—no traigo eso. Aquí hay tropiezos, silencios incómodos, miradas que dicen “no te soporto” y momentos donde todo parece perdido… justo antes de que algo cambie.

 

Porque así es el bosque.
Y así es crecer.

Ahora sí.
Respira.
Acomódate.


Y deja que te cuente cómo una tortuga y una liebre demostraron que no todas las historias lentas son aburridas… y no todas las rápidas saben a victoria.

Cantidad

bottom of page